Tengo un billete roto. El único billete que tengo está roto. Voy a la tienda para comprar pan, queso y fruta, pregunto si lo aceptan roto, si tienen manera de pegarlo. Me dicen que no, que no lo aceptan, que no tienen cómo pegarlo, que puedo comprar cinta adhesiva y hacerlo yo. Pero no puedo gastar el último billete que me queda en comprar cinta adhesiva para arreglarlo, además cómo la compraría si no aceptan el billete roto.
Me voy a mi casa con dos pedazos del mismo billete en la mano. En mi
casa tengo una única vela. Es la última vela que me queda. La enciendo con
tanta fe, la enciendo para pedirle al cielo, a través del fuego, que cambie el
viento a mi favor. Con la vela encendida pido que por favor me llegue dinero,
no mucho, lo suficiente. En realidad pido que sea un poco más que lo
suficiente, eso sí sería suficiente. Pido también por favor que mientras eso
ocurra, no tengamos problemas de electricidad porque no me quedan velas ya.
No hay comentarios:
Publicar un comentario